Las señales que ellas envían cuando quieren sexo

Por lo general, se piensa que cuando se tiene pareja fija se puede tener sexo cuando se quiere. Mentira. La verdad, eso de las relaciones sexuales estables es puro cuento.

Qué difícil es que las ganas de los dos coincidan o, por lo menos, que si uno las tiene, el otro se dé cuenta.

Así que por mera supervivencia de la pareja es necesario hacer un curso intensivo de interpretación para captar en simples actos cotidianos algunas señales que nos puedan dar alguna idea del nivel de deseo o de rechazo de nuestra pareja para el aquello, en un momento determinado. Todo es con el simple ánimo de no embarrarla.

Se supone que cada quien conoce muy bien a la contraparte; sin embargo, no está de más citarles algunos ejemplos que, por supuesto, no son míos, pero que pueden ser una guía para que los señores se animen a leer entre una sutileza y otra los mensajes que las mujeres enviamos en materia sexual sin abrir la boca.

Prepárese si mientras está sentado en la sala de la casa ella le dice al pasar: “Me voy a la cama, no te demores”, porque eso traduce: “Quiero hacer el amor”.

Pero si ella se levanta y va hacia el cuarto con un simple: “Que no se te olvide apagar la luz”, lo más recomendable es que siga leyendo la revista o viendo la televisión. ¡Ah!, y no olvide apagar la luz cuando termine.

Al ser pronunciadas algunas palabras dejan entrever un cúmulo de intenciones relacionadas con el mueble principal de la alcoba.

Siesta es una de ellas. Aprendan que si una mujer dice en tono sugerente: “¿Nos echamos una siesta?”, en realidad quiere echarse otra cosa. Igual ocurre en la mañana con la cursi expresión, “hagamos perecita”. Es coito fijo.

Aprenda a fijarse: si la pijama da a los tobillos, hay calcetines de borlas y pronuncia la frase “¡Huy, qué frío está haciendo!” al meterse a la cama, entienda que lo único que ella espera de usted es que se cerciore de que el perro no se quede en el cuarto.

Y si para acabar de completar se enrolla de lado como una oruga, ni se le ocurra abrir la boca, puede despertarla, y oruga enfurecida no responde por sus actos.

Afine su sistema de análisis procesal y vaya desabrochándose la camisa si al llegar a la casa la voz de ella es más aflautada y en vez de oír: “Hola”, oye: “Hoola, mi amoor”, y haga lo mismo si en el saludo que le dan le preguntan por los resultados de la Eurocopa; sospeche: las mujeres no hablamos de fútbol a menos que sea para hablar de los ojos de Cannavaro.

Tenga en cuenta que si se retira sin despedirse es porque lo está invitando a que la siga; que le está mandando señales con risas que pueden parecer forzadas o cuando ondea el pelo en su cara, lo roza sutilmente, hace ruido con el paladar, mira coquetamente por encima del hombro y hace miradas tristes sin razón.

Si este es el caso, lo mejor es que despliegue las antenas y la imaginación. De entrada crea que lo está invitando: así, sin miedo.

Lo peor que puede pasar es que la señal sea falsa. En ese caso, déle la vuelta a la situación y conviértala en una excusa para tomar la iniciativa y darle sal a su vida de pareja.

Y eso empieza haciéndole sentir a ella que la desea.

Fuente:LVD

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