“Window shopping”

e2809cwindow-shoppinge2809dCon el permiso de Eduardo Soto, periodista y escritor panameño. Bajo ese intitulado uno de sus “Cuentos nada más”, explora cautivadoramente en los recovecos psicológicos de las mujeres alrededor de las compras.

Si hay un rasgo de “femineidad” aceptado de manera conforme y generalizada, es la afición de las mujeres a las compras, por su pretendida correspondencia con la vanidad o veleidades connaturales al “sexo bello”.

Sabido es que las féminas, más que los hombres, comprarían no solo en respuesta a los estímulos consumistas de la sociedad occidental, sino bajo motivaciones emocionales individuales de orden muy diverso: desde el despecho y la venganza hasta la baja autoestima y su extremo patológico, la depresión.

Las compras pueden ser el antídoto catártico contra cualquier frustración del existir. Comprar compra felicidad, aunque luego pegue la realidad de deudas de tarjetas de crédito o la culpa por gastar en artículos cuya adquisición era declaradamente innecesaria, mientras obligaciones financieras apremian.

Pocas damas escaparían a la experiencia de lo que es lamentarse después de adquiridos una prenda de moda o producto de belleza que no le hacía falta.

Pero en general se tiende a promover la mirada indulgente frente a esos comportamientos. La cultura está asentada en que las mujeres gastan o porque tienen un galán comprensivo y dispuesto a pagar todo capricho de su hembra o porque procuran conseguir al galán invirtiendo al máximo en su atractivo físico.

Salvando que exista adicción a las compras compulsivas, una patología que exige atención profesional, las mujeres podemos prevenir los excesos en materia de compras si nos proponemos ser más racionales a la hora de adquirir bienes y servicios.

Dicha conciencia es particularmente útil en la actual época de compras navideñas, cuando los escaparates se alzan ante nuestros ojos más seductores que nunca; las actividades sociales proliferan y el fin de año llama a cambios de “look”.

Algunas recomendaciones. Hacer una lista de compras y atenerse a ella yendo a las tiendas con el efectivo necesario, dejando la tarjeta de crédito en casa.

Si andando de “windows shopping” algo nos provoca, mejor dejarlo para después y no correr tras él aunque esté en especial. Al postergarlo nos aseguramos de que en verdad lo necesitamos y podemos costearlo, o de lo contrario, desistir de su compra.

Discernir alrededor de la acertada máxima de que donde se pone el bolsillo está el corazón, pues ayuda a formar un criterio más práctico sobre cómo gastar y planificar metas financieras. Por ejemplo, quien requiera libros debe ir a la librería y ajustar su presupuesto, antes que a la tienda de accesorios o al salón de belleza, y así sucesivamente con todos los renglones.

Para consumir con mayor juicio y control es necesario reconocer las bajas de ánimo y evitar salir de compras bajo ese estado, que si no, camina sin remedio hacia el Waterloo de sus finanzas.

Fuente:CLAUDIA FERNANDEZ LEREBOURS

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