Mi país, su delincuencia y mis amigos de New York

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NUEVA YORK.- Acabo de regresar de mi país, la República Dominicana, y como siempre, muchos son los que me esperan, porque quieren saber de primera mano (o de primera boca), lo que está sucediendo en la tierra de la que por una u otra razón han tenido que salir.

Mi hermano Titín, fué a buscarme al J.F.K., y en vez de preguntarme cómo me siento, su saludo fue: ¿Cómo está el país?. Me dió a entender claramente que la gran mayoria de los dominicanos que residimos fuera nos preocupamos más por la salud de nuestra patria que por la salud de nuestros seres más cercanos. Y esto, a mí, me hace sentir bien.

“Vengo mal”, le contesté, “vine más confundido que nunca”. El, al igual que muchos, ya conocían que mi intención en este viaje no era quedarme, pero sí tirar el abono para en un futuro “cercanísimo” hacerlo de manera indefinida. Pero lo que ví y lo que sentí por allá, en las casi tres semanas de mi estadía, fue tristemente desgarrador.

Al segundo dia de mi llegada fue secuestrado un joven empresario de mi pueblo natal, San Francisco de Macoris, y los dias siguientes no resultaron alentadores para botar el estrés que en el transcurso de los años se va acumulando en un país extranjero, en el que nunca (jamás talvez en tu vida) pensaste vivir.

La noche de ese mísmo día mi gran amigo Pedro Germán (Junior) me invitó a dejar en la marquesina de mi casa, mientras salíamos en la de él, la moderna yipeta Mitsubishi modelo 2008 que en calidad de préstamo me había facilitado mi querido primo Fernando. En una de las vueltas por mi pueblo descubrimos frente a mi casa, en el interior de un destartalado carro Subarú, tres sospechosos con gorras de invierno de los Estados Unidos metidas hasta las cejas (a simple vista delincuentes) que observaban desde el otro lado de la calle, todo el exterior de mi casa. No tengo que explicarles con que intención.

Los tipos, al ver que nos devolvimos con un repentino riversazo, rápidamente se movieron pasando por nuestro lado como si nada. Le dije a Junior que los siguieramos…”qué lo sigamos?, tú tá loco?, esos tipos se dan cuenta que los estamos siguiendo y se desmontan de ese carro y nos acribillan”. No hay que decirles lo que decidimos mientras esos extraños individuos siguieron hacia delante para el centro de la ciudad, en vez de la parte baja, como nosotros pensamos que lo harían.

Y la Policia….? Muy bien Gracias!!!

Al tercer día, la hermana de una amiga mía de la universidad y con quien había acordado reunirme cuando llegara al país, fue atacada salvajemente en La Romana por dos degenerados, frente a su marquesina, provocándole serias heridas de armas blancas mientras ella luchaba como una fiera hasta lo último con estos cuadrúpedos, y su hijo de tan solo cinco años presenciaba todo en la parte trasera del vehículo. Su estado fue delicado pero finalmente y con la gracia de Dios ya está fuera de peligro. Pero y del niño…qué?

Unos cuantos dias después, por la mañana, y con mi hermano Raúl, mi papá, un perro dizque bravo, y yo dentro de la casa, descubrimos que se habían robado dos de las baterías de nuestro inversor, lo que sacó de mis bolsillos y del limitado presupuesto de mis vacaciones once mil pesos dominicanos, algo así como $300 dólares, lo que dejó sangrando desconsiderablemente parte importante de mis días siguientes.

Una de las noches y mientras me desplazaba por las solitarias calles de mi pueblo. que se asemejaban más a las noches de Viernes Santo y no a las noches próximas a la navidad, en busca de algún ambiente me topo con un amigo de muchos años y a quien saludo desde mi vehículo. Cuando éste se acercó, y después de una corta conversación, me pregunta que si ando armado. Le digo que no (ya saben lo de mi morena) y éste se alarma diciendome que si yo estoy loco, al tiempo de mostrarme en su cintura una enorme pistolota y de señalarme su vehículo para hacerme saber que aparte de lo que lleva en su cintura tambien lleva como extra una super moderna escopeta; porque “es así como se debe de caminar en nuestro país en estos tiempos”, según sus propias palabras.

Ahí mísmo di la vuelta. Mis acompañantes y yo no pudimos disfrutar de la noche, la noche de noviembre, casi en navidad, porque todos a unanimidad decidimos irnos derechito pa’ la casa.

Otra noche, alrededor de las 10 y recostado sobre la verja de mi hogar, en pantalones cortos y sin camisa, y con la mitad de mi cuerpo hacia la calle, unos chamaquitos de alrededor de 20 años cambian a la acera en donde estoy, y haciendo alarde uno de ellos de que sacaría algo peligroso de la parte de alante de su cintura, mientras me miraba amenazantemente, me hace deslizar rápidamente con la cabeza agachada a la altura de mis rodillas hacia el interior de mi casa llamando como un loco a mi hermano Raúl para que enfrentáramos a esos tipos, cosa que hicimos. El que hizo gesto de sacar algo de donde dije, se asustó tanto que nos mostró lo que sacó de dicho lugar, que no eran más que dos celulares. Me pidió disculpas por su actuación, cosa que yo acepté, pero no sin antes remangarle unos cuantos dichos que fueron tan fuertes que hasta a mí mísmo me sacaron las lágrimas. Que barbaridad caramba!!!

Cuando voy a mi país, no veo, no oigo, ni leo noticias, porque solo busco desintoxicarme de todo. Pero estas cositas, más otras semejantes que escuchaba pero que para no cansarlos no contaré, he querido escribir, para que concluyan si boté el estrés o traje más que el que llevé.

Ya estoy aquí en New York, y es aquí en donde me estoy enterando de muchísimos actos delincuenciales que sucedieron en mi patria mientras yo, por mi lado, estando allá, vivía otros en carne propia.

El día antes de mi regreso a New York secuestran una niña de dos años en mi pueblo. La noche antes de mi partida, intento de robo de una pasola a solo dos casas de la mía. Así de sencillo me despidieron.

En todos mis viajes anteriores, al regresar a los Estados Unidos, en el aeropuerto y en el avión, y con lágrimas en mis ojos, siempre le pedía a Dios que por favor me permitiera regresar pronto a mi Patria. Pero esta vez, y con dolor de mi alma, mi mente salió en blanco, sin ilusión, y con pocos deseos de querer regresar.

Es lo mísmo decir delincuentes que decir políticos en mi país. Y los dos, como les he contado aquí a mis amigos, lamentablemente, se están tragando a mi Quisqueya.

Adios a mi Patria, aunque sé que no será para siempre… y cuidense mucho los que están allá.

Fuente:HENRY FAMILIA

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