Absurdos del tránsito

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Ignoro cuándo pusieron el letrero. Veníamos por la avenida 27 de Febrero en sentido oeste/este, cuando indicamos giro a la izquierda en la intersección con la Carmen Mendoza de Cornielle. ¡Cuál no fue la sorpresa! Un aviso destinado a regular el tránsito vehicular impidió este giro, y, sacudidos por la sinrazón continuamos por la avenida. Borramos el odómetro auxiliar, pues estábamos decididos a medir la distancia que nos separaba del absurdo.

Por supuesto, dirán ustedes, la estupidez es tuya. Bien pudiste ir girando a la derecha hasta alcanzar la calle Fernando Defilló.

Y entonces, tranquilamente, dar vuelta por la Gaspar Polanco y, rodeando la manzana completa, subir por la Carmen Mendoza de Cornielle.

¿Cuántos de los automovilistas que intentan torcer hacia el norte en este sector dan esta otra vuelta? ¿El genio que colocó el letrero del impedimento ha puesto otro para orientar respecto de esta alternativa? ¡No, por supuesto que no!

En el largo tramo entre la susodicha esquina y la estatua de Benito Juárez no hay modo de doblar hacia la izquierda. Hasta esta confluencia vial el odómetro marca 2.4 kilómetros. Aquí, empero, se acepta el retorno en una vuelta en U.

Doblamos de nuevo a la derecha, más adelante, en la calle Dr. José Tapia Brea. Hasta este otro trecho llevábamos recorridos 4.6 kilómetros desde que intentamos, frustratoriamente, un giro que anteriormente era permitido.

Porque anteriormente, hasta un momento perdido en la sepultada lógica de los desordenadores del tránsito vehicular, el semáforo de la intersección primera incluía una luz de retardo para los vehículos que circulaban en sentido este/oeste.

En efecto, cuando los semáforos que rigen el movimiento de vehículos en la avenida daban luz verde en una esquina, lo daban en la otra. Pero se mantenía la luz roja para quienes intentaban doblar hacia el norte, es decir, a la izquierda, desde la Carmen Mendoza de Cornielle.

¿Cuántos segundos tardaban los conductores que pretendían subir al norte por esta última calle? ¡Sabrá Dios, pues en aquellos días los semáforos eran brutos! ¡No había semáforos inteligentes!

Cuando llegamos a la dirección que buscábamos, en la calle Luis F. Thomen, a un paso de la primera esquina, habíamos recorrido 5.4 kilómetros. ¿Pagan los desordenadores del tránsito el combustible que el conductor de un automotor gasta en este trayecto? ¡Claro que no! ¡Lo paga ese contribuyente que, además de aguantar otros muchos desaguisos, debe soportar este también. Y decimos que hay que ahorrar combustibles.

No es, éste, el único de los absurdos a los que vienen sometiéndonos quienes desordenan el tránsito vehicular para crear el caos de las horas pico.

Fuente:PEDRO GIL ITURBIDES

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