Pepín y la responsabilidad social corporativa

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La crisis financiera mundial está creando marcos de referencia novedosos en materia de responsabilidad social corporativa. En ese ámbito, la presente coyuntura está categorizando el evitar despidos, como la mejor acción de responsabilidad social empresarial. Paralelamente, los despidos pueden reflejarse negativamente en los programas de responsabilidad social en marcha y afectar los objetivos corporativos de relacionamiento y empatía con la comunidad.

El empresario José Luis Corripio (Pepín), con el trascendente llamado a sus colegas a “no cancelar”, propició el referente, luego seguido por Central Romana y la textilera de zona franca Gildan. La Falconbridge procuró recoger los dardos que le sobrevinieron cuando la semana pasada trascendió lo de las cancelaciones de trabajadores, al informar que no habría más y resaltar que el resarcimiento sería en términos muy favorables para los cesanteados.

Corripio ha sentado un precedente valiosísimo. En la República Dominicana la experiencia ha sido que los capitalistas asumen las cancelaciones de empleados simplemente como opción racional en periodos de disminución de las rentas; en tal virtud no ven con criterios de compromiso social el echar gente a la calle, simplemente parte normal de la actividad de negocios.

El ejercicio Corripio supone una visión del tema más allá del mercantilismo. Además de evidenciar el eminente sentido de prudencia orientado a no alentar la desestabilización social que debe caracterizar a la clase empresarial, promueve una mayor atención frente a la eventual sanción moral de la sociedad.

Todo empresario táctico y visionario está conciente de que los ciudadanos son más activos y vigilantes que nunca frente a cómo se conducen las corporaciones frente a la sociedad.

Esto probablemente como efecto de la crispación y sospecha derivadas de que la actual crisis mundial y la local de 2003, cuentan entre sus causas las ambiciones desmedidas y comportamientos contrarios a la ética de altos ejecutivos de corporaciones – sin olvidar el caso Enron y la quiebra de la italiana Parmalat-.

Redes globales negativas contra firmas y marcas que incurran en despidos masivos, no son descartables.

Se plantea en consecuencia la necesidad de que toda organización sea muy cuidadosa ante de considerar cortes de planilla, en la presente coyuntura de desaceleración económica.

Preservar la planilla laboral o hasta crear nuevas fuentes de empleo, y  promover la acción como parte del compromiso social empresarial con la comunidad dominicana, en estos momentos podría significar la estrategia de imagen corporativa más rentable.

Cuánto devolverá esa “medida cautelar” difícilmente pueda medirse, pero nadie pondría en duda que colocará en alto los bonos de la organización que la practique frente al país, protegiendo su actividad de negocios.

La sociedad habrá de valorar para el presente y el futuro, a la empresa que “no rompió la soga por lo más delgado”, como siempre, y en cambio asumió la responsabilidad de compartir las vacas flacas, evitando dejar el peso del sacrificio a los más débiles.

Fuente:CLAUDIA FERNANDEZ LEREBOUX

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