Capitalismo “de Casino”

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Cuando se está en el ejercicio de una posición pública en una nación como la nuestra, sin importar la jerarquía del cargo que se ocupe, se encuentra siempre a disposición un orfeón constituido por advenedizos que en ejercicio del viejo arte de la lisonja se dedican a la predicación adulatoria. Son lúcidos imaginando virtudes en el funcionariado y han hecho del ensalzamiento inmerecido su “modus vivendi”.

Esta industria, siempre próspera y sobre todo abierta  a todos aquellos que se encuentren en buena disposición de  avasallarse, ha tenido en tiempos recientes un inusitado auge motivado quizás en las cada vez más profundas dificultades económicas por la que atraviesa la sociedad nacional.

A la caza de burócratas presuntuosos y estólidos vive a diario la bandada en procura de oportunidades para ejercitar sus destrezas ditirámbicas y poder así, a la conclusión de tan extenuantes empeños,  abrir el pico para que dentro les caiga la ración de alpiste que hará posible que estos “canarios” den continuidad a sus laudatorios cánticos.

Resulta lamentable que no puedan hacerse excepciones relativas a período alguno de gobierno, lo que me induce a  considerar que posiblemente esta inveterada práctica tenga sus raíces hincadas en los orígenes mismos de la República, o quizás más allá.

Quizás sea muy cierto lo que algunos amigos, a quienes he consultado sobre el tema, me dicen en relación los conflictos egocéntricos que se desatan al tratar uno de sustraerse a los encantos de una perorata melíflua.

Dicen que el canto de las aves desde siempre ha  ensimismado el oído de los humanos;  y muy cierto es que por estos lares abundan los especímenes especializados en embaucar incautos y menguados con sus empalagosos trinos.

Recuerdo cuando justo en medio de las terribles represiones desatadas durante los siniestros “12 años”, un cronista muy leído dio cuenta de haber visto en una librería de la ciudad a uno de los integrantes de los equipos de exterminio de entonces, comprando nada más y nada menos que selectos textos de filosofía clásica.  Para el escribiente aquello era una muestra inequívoca de la superación  intelectual del reconocido verdugo.  Luego el tiempo demostró que dicho matarife nunca se había leído siquiera un Almanaque de Bristol.

Muy recientemente he tenido oportunidad de escuchar a varios comunicadores al servicio de la nómina pública difundir la versión de que el denominativo o concepto “Capitalismo de Casino” constituye un acuñamiento fruto del intelecto poderoso y excelso de la persona que hoy ostenta —por desvaríos del destino—  la Presidencia de la nación, a propósito de declaraciones vertidas por éste en fecha 10 de junio del año en curso.

Puede resultar intrascendente para muchos si el acuñamiento corresponde o no al primero de los nuestros, pero es obvia la existencia de un combo de aduladores que pretende hacernos creer que estamos ante la presencia de un ser providencial de dimensiones  colosales,  y  que lo menos que podemos hacer los dominicanos es  postrarnos para rendir tributo a esta lumbrera,  capaz  incluso de  concebir  nuevas categorías dignas de ser añadidas como aporte a  la teoría económica.

Nada más  extraño a  la verdad.  La realidad es otra muy distinta.  Veamos cuándo, dónde y cómo  nace el concepto o denominativo “Capitalismo de Casino”, de manera que las cosas queden debidamente emplazadas en su justo lugar.

En 1933, en plena II Guerra Mundial, en el curso de una entre vista personal entre John  Maynard  Keynes y su alumno y posterior biógrafo Robert Skidelsky, comentando los pormenores de la Gran Depresión de 1929, éste le expresó que: “Para muchos Wall Street es un casino de Juegos.  Cuando el desarrollo capitalista de un país se vuelve un subproducto de las actividades de un casino, el trabajo está claramente mal hecho.  El capitalismo de casino está condenado al fracaso”.  Detalles de este diálogo se consignan en la obra “John Maynard Keynes: El Economista Salvador” editado en 1992.

En 1958, exactamente cincuenta (50) años atrás, Henry Hazlitt, economista, filósofo y articulista del New York Times y del Wall Street Journal, en un artículo escrito en este último diario sentenció que “El mercado no es, ni debe ser, un casino”.

En noviembre de 1997 Susan Strange, académica británica especialista en política económica internacional y primera mujer en presidir la Asociación Británica de Estudios Internacionales,  publica su libro “Capitalismo de Casino”, contentivo de un análisis sobre las causas de las repetidas crisis económicas internacionales.

En 1998 en la revista Nueva Sociedad  No. 156,  página 54,  Klaus Bodemer, economista y miembro del Instituto de Estudios Iberoamericano de Hamburgo, publica un artículo el cual titula “La globalización: un concepto y sus problemas”, donde de manera reiterada hacer alusión al “Capitalismo de Casino”.

El 21 de Mayo del 2001 Hilario Barcelata, economista y catedrático de la Universidad de Málaga, en una colaboración hecha a la Revista Económica de dicha academia, insertó un artículo titulado “Economía Real Vs. Economía Monetaria”,  en el cual hace  mordaces críticas contra  la  “Economía de Casino”.

En Julio del 2002 Magdalena Galindo, economista y catedrática de la Universidad Nacional de México (UNAM), especialista en investigación, publica un artículo en la revista  Siempre  titulado “Mortandad de Gigantes: la Economía de Casino”.

El 22 de diciembre del 2005, Joan Romero, catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Valencia, escribió un artículo titulado “Capitalismo de Casino” el cual fue insertado en las páginas del periódico El País de su natal España.

El 2 de noviembre del 2007 en el blogspot Serresponsable  el cual dirige el economista Antonio Márquez, se publica un trabajo de éste el cual titula “Paremos la Economía de Casino”.

El 22 de Abril del 2008 el señor Martín Schulz, líder del bloque socialista del  Parlamento Europeo,  culpa durante un discurso en dicho foro al “Capitalismo de Casino” de la crisis alimentaria global.

Como estos,  podríamos exhibir  cientos  de precedentes donde el concepto o denominativo “Capitalismo de Casino” aparece, desde ocho (8) decenios atrás, en uso ocasional al ser abordada la temática económica.

Es como para enlutarse el hecho de que este alboroto de las gallaretas criollas no haya resultado cierto,  pues quizás hemos perdido una oportunidad de oro para tener entre los nuestros un Premio Nobel de Economía,  galardón que hubiera rematado con timbres de excelsitud todo un fardo de doctorados “honoris a ninguna causa” que yacen apolillándose  estérilmente en algún rincón de la casa del retórico que algunos ocurrentes del patio insisten en llamar socarronamente “El Príncipe”.

Fuente:RAFAEL FLORES ESTRELLA

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Una respuesta

  1. que mucho ladronazos en este pais

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