Cariño, hagámoslo con condón

carino-hagamoslo-con-condon1 Se habla de sexo seguro como la práctica que busca formas de disminuir la posibilidad de contagio del sida y otras ITS (infecciones de transmisión sexual). Cada año, por estas fechas, los profesionales sanitarios resaltamos la importancia de prevenir el sida. Pero hoy queremos centrarnos en una situación que pocas veces se tiene en cuenta: la trasmisión del VIH entre parejas supuestamente monógamas. Es un hecho que en consulta hemos podido constatar en más de una ocasión y que nos preocupa.

Quizá pese mucho la larga historia de hipocresía que nuestra sociedad lleva a cuestas, así como la doble moral: vicios privados, públicas virtudes. Algunas personas —a menudo, mujeres, pero no siempre— nos consultan por su dificultad en restaurar la confianza en su pareja, confianza que se ha roto por causa de una infidelidad. Estas personas acuden pidiendo ayuda porque desean superar el miedo a comprometerse o a abrir auténticamente su intimidad y verse nuevamente traicionadas. Muchas veces, sencillamente, les atormenta la anticipación de esa posibilidad. Cuando una persona se encuentra en esas circunstancias, el pensar, además, en el riesgo del VIH, es pedir demasiado. El frágil vínculo de algunas parejas a veces no permite tales lujos.

El miedo a la ruptura puede bloquear la opción de permitirse la saludable acción de revisar honestamente las bases de la relación para negociarlas. ¿Cómo quiere cada cual llevar su relación… a qué distancia… compartiendo qué, y hasta qué límites…? Esta medida, lejos de amenazar la pervivencia del vínculo, puede reforzarlo. Cierto es que el abanico de posibilidades de cómo llevar una relación de pareja se amplía automáticamente. Y, más que ser un problema, puede ofrecer la solución, al tiempo que es el genuino reflejo de la realidad que se tiene frente a sí.

La imposición de criterios morales tradicionales viene demostrando su inutilidad desde hace un tiempo. Hay criterios que se asumen como esenciales para la relación de pareja y a veces no se sabe muy bien por qué. Uno de éstos es la fidelidad sexual, a toda costa y a cualquier precio. Ello, con frecuencia, sólo consigue constreñir la relación. Llegan a tener el poder de forzar rupturas traumáticas e innecesarias si se hubieran contemplado otras opciones al vincularse.

Últimamente hemos constatado cómo, para algunas parejas, la fidelidad es una valiosa opción, que se asume como condición definitoria de un vínculo saludable. Ciertamente, la amenaza del VIH estimula que se aclare el contrato de la pareja y que se fundamente en la salud. Es éste un criterio que resulta más válido y objetivo que cualquier moralina o costumbre social adquirida, que sólo causa confusión y mantiene la hipocresía, la doble moral tan dañina.

Sin ánimo de alarmar, hay que saber que algunas personas se enteran de las infidelidades de su pareja cuando aparece el VIH. Esto no es de extrañar, considerando que muchas relaciones de años se apuntalan en el no querer enterarse, en el negar la evidencia… Por eso hay que tener en cuenta nuestro contrato de fidelidad. Una manera responsable y honesta de comenzar puede ser diciéndole a tu pareja: ‘Cariño, hagámoslo con condón’.

¿Alguna vez has propuesto a tu pareja realizar una prueba de sida para cada uno? ¿En alguna ocasión has pensado en proponer a tu pareja volver a utilizar el condón en vuestras relaciones sexuales? ¿Te preocupa que al ser infiel a tu pareja puedas trasmitirle el VIH?

Fuente:FHM

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