¡Socorro! Llega la Navidad

c2a1socorro-llega-la-navidadLlegan las fiestas navideñas con sus lucecitas, sus villancicos, sus celebraciones laborales y familiares. No queremos ser aguafiestas, todo esto puede ser muy bonito y sobre todo los niños disfrutan de tantos estímulos. Pero ciertamente toda cara tiene su cruz y detrás de las luces de colores se vislumbran las sombras, sobre todo para algunas personas.

No vamos a hablar aquí de que muchas personas lo pasan muy mal porque están solas, porque echan de menos a los suyos, porque no hay peor época para vivir las ausencias que la Navidad; cuando por real decreto se reúnen familias y amigos, aunque sea para expresar sus diferencias y rencores con mayor intimidad, más de cerca. No se trata de eso, como lo nuestro es la sexualidad, vamos a hablar de quienes
pierden el deseo sexual en estas épocas. De las personas, sobre todo mujeres, que empujan el carro de tanta celebración.

Una paciente, Julia, así la vamos a llamar, lo explicaba estupendamente: faltan 15 días para la Navidad y ya estoy agotada, cada año se me hace más difícil, cada vez que llegan estás fechas me dan ganas de esconderme en un agujerito y no salir hasta después de Reyes. Esta mujer joven, casada, madre de dos hijos pequeños, profesional liberal, siente que los síntomas de estrés se le disparan, entre ellos, su falta de disposición para el sexo.

Y es que, según ella, la Navidad no la supera ni una superwoman. Dejando a lado el orden doméstico, aparece el social, tiene que comprar los regalos, regalos para unos, para otros, para los niños. También hay que comprarle ropita mona a los niños para que luzcan en familia, además de la del marido y la propia; entre regalos, salidas, comida y ropa, el gasto se dispara. Además, hay que estar guapa y presentable, peluquería, estética, según presupuesto y necesidades; en fin, un dispendio total.

Julia cada día se siente más cansada y se queja del agotamiento que le supone la preparación de tan magnas fiestas. Las celebraciones familiares son el culmen, en este caso, el día 24 cenan en casa de su madre, ella y sus hermanos. Como es la única chica y su madre ya está mayor, se encarga, junto con su madre de: idear el menú, comprar, cocinar, preparar la vajilla, traer sillas de su casa —no hay suficientes en el piso de sus padres para tanta gente—. Su padre no murió, está jubilado y tiene tiempo, pero esto ya se sabe, es cosa de mujeres. El día siguiente van a casa de su suegra, allí va más de visita, pero aún así tiene que participar y ayudar a recoger toda la movida.

¿Qué lugar juega la pareja? Podríamos pensar. Según ella, es injusto que Papá Noel y los Reyes personalicen estas fiestas, cuando, sin lugar a dudas, el espíritu de la Navidad es femenino. La gran mayoría de las veces son las mujeres las que limpian, organizan, cocinan, decoran la casa, compran los regalos, en el mejor de los casos con alguna colaboración masculina.

Y en eso, que después de la cena, el marido, bajo los efluvios del cava, viéndola tan mona y arregladita, se acerca meloso y susurrante y recibe una coz por respuesta. Detrás de la cuidada envoltura se agita un tornado de rencor, agotamiento, rabia y frustración. Y es que ella está desbordada de tanto trabajo: como madre de familia, lleva días trabajando silenciosamente para que todo salga bien, ha tenido que preparar disfraces para sus hijos que salen en el Belén del colegio, ¡hasta ha conseguido hacer galletas de Navidad con los niños! Y Julia, además, es una profesional liberal que tiene que cumplir con su trabajo y competir con otros compañeros que no han tenido que gastar su energía en pro del espíritu de la Navidad. Tanto esfuerzo pasa factura y, ahora ya no puede más, ya no está para nada y para nadie.

Por eso, en esta época más que nunca, es fundamental conectar con la pareja, saber cómo está y cómo está viviendo las vísperas de las fiestas. No dejar que ellos se desentiendan. Si queremos que las cosas funcionen hay que sacar a la luz todo el esfuerzo femenino. Que los hombres aprendan a disfrutar de lo doméstico. Romper de una vez los compartimentos estancos. Compartir es la palabra. No es justo que muchas personas, sobre todo mujeres, se vean desbordadas para que disfruten los demás.

Por eso, en estas fechas, es muy importante crear un clima de intimidad y confort, prevenir esos empachos de obligaciones para muchas mujeres, que les chupan toda la energía y las dejan sexualmente discapacitadas. Julia y su pareja están aprendiendo a prepararse para una Navidad distinta, donde ella va a aprender a no cargar con todo el peso del orden doméstico, a darse cuenta de que además de hija, esposa y madre al servicio de todos, también tiene sus propias necesidades. Que es una mujer joven, alegre y con ganas de seducir y de que la seduzcan.

¿Qué te parece el caso de Julia? ¿Te sientes identificada? ¿Cómo crees que se puede mejorar la relación de pareja en estas fechas? ¿El exceso de trabajo y obligaciones afecta tu deseo sexual o el de tu pareja?

Fuente:FHM

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