La vaga lucha contra la corrupción

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La corrupción es una práctica que supone el abuso para generar riquezas personales en detrimento de los intereses públicos. Es un fenómeno que se ha arraigado en las instituciones administrativas del Estado y también en muchas instancias del sector privado.
En todos los países del mundo actual se libra una ardua lucha en contra de la corrupción. En nuestro caso, en la República Dominicana se hacen esfuerzos para hacer más efectiva y trascendente la eficacia de esta lucha. Admiramos y observamos como positivas todas las medidas que se hayan tomado o que en el futuro se consideren necesarias implementar para dar continuidad a la persecución del fenómeno de la corrupción.
Sin embargo, la lógica nos dicta que debemos guardar nuestras reservas con respecto a los resultados anhelados, pues, estamos conscientes de que para reducir los delitos relacionados con la corrupción se requiere de algo más que la creación de nuevas oficinas de persecución o prevención de la misma.

En un artículo de prensa publicado en fecha 17 de julio del corriente año, el Procurador General de la República Dominicana,  Radhamés Jiménez Peña, aseguró que el enriquecimiento ilícito no está penado por la ley y que la corrupción existe tanto en el sector público como en el privado debido a que está arraigada en la sociedad y que para combatirla se necesita la participación de los sectores público y privado así como también de la sociedad civil, por ser éste un problema sistémico. Estas afirmaciones del señor procurador nos invitan a  poner en perspectiva la necesidad de abrir un debate más serio sobre lo que debería ser en esencia el combate a la corrupción, puesto que siempre que se crea una nueva oficina o departamento para combatirla se hace el anuncio como un esfuerzo más y otro paso de avance a favor de esta lucha.

Empero, si el enriquecimiento ilícito no está penado por la ley, entonces la lucha contra la corrupción es un fraude institucional que formaría parte del mismo fenómeno. Estamos de acuerdo con que el problema que aquí tratamos es sistémico y es precisamente donde se encuentra encasillada o enmarcada la disfuncionalidad de todas las oficinas y departamentos de prevención y persecución que se alimentan del débil sistema institucional que conforma el Estado dominicano.

Somos conocedores de que el problema radica en el sistema. No obstante, tenemos que trascender el sistema institucional que sirve de soporte al Estado y observar responsablemente que la corrupción es un fenómeno mundial enriquecido por las debilidades generadas por una sociedad desigual que se desgarra dentro de las entrañas de un sistema político y económico que se desenvuelve al borde de la inevitable bancarrota total.

La corrupción es el producto directo de la baja calidad de los servicios públicos, de los bajos niveles de competitividad, del pobre crecimiento económico y la poca legitimidad de las instituciones democráticas.  Los fraudes en la contratación, los sobornos, desvíos de recursos, clientelismo, empleados ficticios, enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, conflicto de intereses, son los más típicos, y a su vez no son más que el producto  directo de los desequilibrios que afecta al sistema social, que como consecuencia carece de instituciones fuertes en el marco de la aplicación y la creación de las reglas.

Finalmente, arribamos a la conclusión de que todos los enumerados expuestos más arriba son el resultado directo de la pobreza que generan las desigualdades sociales. De estas desigualdades surge un poder ejecutivo que carece de voluntad política; un poder legislativo leal a su afiliación partidista y un sistema judicial carente de independencia, y de aquí, no es mucho lo que se podrá lograr.
Si las instituciones asignadas para combatir el mal de la corrupción advierten que el enriquecimiento ilícito no está penado por la ley entonces habrá que crear la ley que lo penalice. Pero para crear esa o esas leyes es necesario hacer cambios políticos profundos tanto en el orden institucional como en el orden social, y sin esos cambios es vaga la lucha contra la corrupción.

Fuente:GABRIEL GARCIA

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