El hip hop representa el éxito de la poesía de la marginalidad

SANTO DOMINGO.- El pasado 5 de julio, el teatro La Fiesta del Hotel Jaragua sirvió de escenario para el hip hop, con el concierto de lanzamiento del álbum Universal de la cooperativa de “hiphoperos” Lo Correcto.

Ese hecho sin precedentes en el país podría considerarse, tal vez, como la señal más evidente de que el movimiento ha derrumbado las barreras que le impuso su origen en los sectores marginados.

El hip hop ha logrado trascender y, al igual que en otros países, formar parte del gusto, la mentalidad y la forma de vida de cada vez más dominicanos de todos los niveles socioeconómicos.

Hoy es difícil encontrar a alguien que no haya visto o escuchado a un rapero, pero eso no significa necesariamente que comprenda en qué consiste el hip hop. Al contrario, sus seguidores aseguran que es comúnmente confundido o malinterpretado.

Más que un género musical, el hip hop es un cultura que comprende cuatro elementos principales: el DJ, que hace la música instrumental, caracterizada por sonidos de rayado de la aguja (scratches) sobre discos viniles, giros de los discos hacia atrás y adelante con la mano y otras distorsiones del sonido; el breakdance, baile principal del hip hop; el MC o rapero; y los grafitis, artes gráficos hechos sobre muros.

El fenómeno, que cautiva desde hace tres décadas a millones de jóvenes en todo el mundo, nació en los barrios pobres de la ciudad de Nueva York, bajo la influencia de la música de los inmigrantes jamaiquinos.

Puede que sea precisamente su origen lo que le ha permitido un éxito mundial.

“Al ser urbano, al ser barrial, al venir de la necesidad, es algo que no sólo se sufre en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por eso nos identificamos tanto aquí en República Dominicana, porque encaja, compagina con uno”.

Así habla Ovni, rapero y miembro de Lo Correcto, que define al hip hop como “la boca del pueblo” y la “poesía de los pobres”.

Es cierto que desde su surgimiento el hip hop se expandió rápidamente por las zonas marginales de diversos países. Algunos se refieren a él como el lenguaje universal de la resistencia juvenil.

Como señala la musicóloga Leiling Chang, el caso más reconocido es el de Francia, donde el hip hop floreció en los suburbios de las ciudades, poblados en su mayoría por descendientes de emigrantes árabes.

A República Dominicana el movimiento llegó a través de los dominicanos residentes en la ciudad de Nueva York y otras partes de Estados Unidos.

Los que siguen la cultura desde sus orígenes, recuerdan que a principios de los 1980 ya estaba de moda en el país el electroboogie (nombre que se daba al breakdancing) y a finales de esa misma década surgieron los primeros grupos locales.

Pero la raíz de la popularización definitiva del hip hop en el país estuvo dada por la web dominicanhiphop.com, creada por el dominicano Jimmy Reyes, radicado en Suiza. Así lo consideran los conocedores del tema, que aseguran que ese sitio web fue el detonador para el surgimiento de una nueva generación de hiphoperos dominicanos.

Desde sus inicios, el movimiento del hip hop estuvo acompañado de toda una forma de vida que incluye maneras específicas de vestir, de andar, de hablar, de relacionarse, destaca la musicóloga Chang.

Pero esas formas, así como su música, han sido criticadas y acusadas en determinados momentos de promover la violencia o la exhibición del lujo.

Sus defensores señalan que las manifestaciones del hip hop tienen sus justificaciones. Ovni explica que con las grandes cadenas y joyas, conocidas como “blinblines” (del inglés blingbling) los raperos proyectan su progreso, lo que han logrado con su música.

“También es una inversión, desde un punto de vista: me conviene gastar 250 mil pesos en una cadena, que en cinco años no va estar devaluada, que meter ese dinero al banco”, afirma.

La vestimenta de los hiphoperos, caracterizada por el uso de ropa ancha, también tiene sus razones según Ovni: la práctica, producto de la pobreza, de dar a los hermanos menores la ropa que dejan los hermanos mayores, que termina convirtiéndose en costumbre y moda.

“Para promover propiamente el lujo están las revistas sociales, y para promover la agresividad y la violencia están ciertos movimientos anarquistas.

El rap refleja el ritmo social, sea este negativo o positivo. Porque los temas no se inventan nada, sino que se inspiran en lo que hay”, considera Pedro Antonio Valdez, escritor y fan del hip hop.

Aunque abunden en el hip hop temas que puedan considerarse banales o agresivos –o sean éstos los que más suenen en los medios de comunicación-, el hip hop desde sus inicios estuvo asociado a una letra de protesta y denuncia social y política. Para muchos de sus intérpretes y seguidores, ésa sigue siendo su verdadera esencia.

“El hip hop es una ideología donde tratas de transmitir algo a través de tu canción”, dice Junior Polanco, MC del grupo Alianza Meka, quien asegura que el rap es una herramienta cultural que tiene la posibilidad de mejorar la sociedad e influenciar positivamente.

Polanco, que perteneció a Campamento, uno de los grupos protagonistas del hip hop dominicano a finales de la década de 1990, destaca que el hip hop que se popularizó en los Estados Unidos entre los años 1987 y 1992 llevaba un mensaje de denuncia contra el racismo, la discriminación y la violencia.

El rap dominicano que ha recibido el apoyo de los medios de comunicación aquí en el país, en cambio, va en detrimento de quienes lo oyen, considera.

“En el hip hop dominicano popular, comercial, que las emisoras apoyan, se habla mucho disparate: tú ta en olla, tu coro ta atrá, tú ere un palomo”, dice, pero asegura que existen muy buenos raperos “underground”.

Ese afán del ser el mejor, el número uno, es para la doctora en filología hispánica María V. Núñez un reflejo del fracaso de un sistema educativo basado en la competitividad, “donde el mundo es sólo para los más fuertes y donde la lucha por un puesto establece la diferencia entre morir o vivir”. Aunque también, reconoce, está la búsqueda del reconocimiento y la necesidad de salir del anonimato.

Lo cierto es que la amplitud del género y su crecimiento dan cabida a todo tipo de letra y de mensaje.

“El origen suburbano y de protesta ya no es siempre tan visible. El rap ha devenido un género completo con su propia dinámica, independiente de la historia del movimiento, ha generado el nacimiento de nuevos géneros y se ha fusionado con otros”, explica Chang.

Probablemente el más popular de estos nuevos géneros es el reggaeton, mezcla de rap, reggae y otros ritmos que surgen en la década de 1980.

“Esa es una cruz increíble que ha cargado el hip hop”, expresa Amaury Cuevas, seguidor del hip hop, refiriéndose a la común asociación o confusión entre el hip hop y el reggaeton.

Según Polanco, este último no es más que “un rap desvirtuado” y la mayoría de los raperos dominicanos “no quiere saber de reggaeton”.

Chang, sin embargo, entiende que una visión del hip hop en República Dominicana debe incluir tanto al rap como al reggaeton y todas las fusiones que estos géneros producen.

“Todas estas son músicas urbanas que responden a grupos marginales de la sociedad que buscan su propia expresión”, señala el antropólogo José Guerrero.

Para la musicóloga Chang, uno de los principales aportes hechos por el hip hop ha sido la figura del DJ y su trabajo con el sonido y la tecnología, que ha generado “todo el universo de la música tecno que promete aún grandes sorpresas”.

El DJ, explica Chang, es nuevo tipo de músico-intérprete que trabaja con materiales ya existentes, reciclándolos y haciéndolos vivir bajo nuevas formas.

También al hip hop hay que reconocerle la instauración de una nueva modalidad de producir y mercadear música de manera independiente de las grandes casas disqueras.

“Ese mercadeo agresivo independiente, en el que tú mismo haces el proceso entero de grabar, reproducir, empaquetar, distribuir y vender tu producto, fue creado e implementado en masa por los raperos”, explica Polanco, que agrega a esas nuevas formas de promoción el uso de volantes publicitarios (flyers) diseñados con artes creativos y de “street teams”, jóvenes que reparten los volantes en las calles.

A pesar de admitir que se trata de una influencia cultural foránea, Polanco defiende el valor del hip hop como instrumento de denuncia y asegura que otros ritmos no se prestan a expresar la realidad inmediata del país mejor que el hip hop.

“La situación que se vive aquí amerita la urgencia del hip hop. No amerita tal vez tanto la melodiosidad (sic) del merengue o la suavidad del jazz”.

La filóloga Núñez asoma una idea parecida en su texto “La otra cara del reggaeton. La poesía antisocial” (cielonaranja.com): “La realidad es tan rápida, cruel y aplastante que ya no necesita de más metáforas. El lema del hip-hop, ‘take it real’, funciona bien en este caso”.

A su entender, se trata de una música urbana que refleja en lo más profundo lo que se está sufriendo en los barrios de las ciudades de Estados Unidos y Latinoamérica.

El futuro del hip hop dominicano es prometedor, piensa Ovni.

Él, que vio surgir una generación de raperos locales cuando todavía el acceso a esa música era difícil, asegura que hoy la totalidad de jóvenes de Santo Domingo de 15 años o menos sabe lo que es el hip hop y se identifica con él.

“El hip hop no es una moda”, dice, y agrega que también en las provincias del país hay “muchísimos grupos”.

Pedro Antonio Valdez, entiende, sin embargo, que aparte de los temas de expresiones crudas, el rap dominicano debe incorporar el lirismo.

“La cultura hip hop, con su visión cercana del fenómeno social, hace un aporte estético y oferta formalmente otra manera de enfocar la realidad”, declara.

La predominancia que ha adquirido el movimiento del hip hop, su influencia en la juventud y las polémicas que despierta hacen necesario un estudio profundo del tema.

“Es un arte al que hay que prestarle atención”, dice el antropólogo Guerrero.

Beatboxing y batallas de gallos
Otra muestra del auge que ha tomado el hip hop es la “batalla de gallos” que por cuarto año consecutivo celebrará la empresa Red Bull el próximo mes de agosto en el país.

Se trata de competencias de rap improvisado o “freestyle” (estilo libre), otro de los elementos muy comunes en el hip hop y una de las principales muestras de su creatividad.

“Hay que tener dominio de la palabra, la capacidad de rimar, de ser coherente, de entretener, de no cansar, de no repetir”, explica Ovni, MC o rapero miembro de la cooperativa Lo Correcto.

Otra manifestación que ha acompañado al hip hop es el “beatboxing” o percusión local, en el que se imita con la boca sonidos de instrumentos musicales para acompañar al rapero.

Significado y origen de los términos
La cultura hip hop creó su propio vocabulario.

“Las líricas resultan atractivas por la gran cantidad de modismos, expresiones idiomáticas, palabras procedentes de la jerga barrial, contracciones, onomatopeyas, vocablos inventados”, dice la filóloga María V. Núñez.

Aquí presentamos el origen de algunos de los términos principales.

Hip hop: Proviene del nombre de uno de los pasos del breakdance, la traducción sería salto o brinquito de la cadera.

DJ: Siglas para Disk Jockey, el creador de la música de una fiesta a partir de mezclas y distorsiones de sonidos.

Breakdance: Baile típico del hip hop. Su nombre se originó porque se bailaba en la parte del “break” o corte de la música que hacían los DJs en las fiestas.

B-boy o B-girl: Abreviación de Break-Boy y Break-Girl, los chicos y chicas que bailan el breakdance.

MC: Siglas para Maestro de Ceremonia. Se llama MC a los raperos, que cantan sobre la música de los DJ.

Rap: Acrónimo en inglés de Ritmo Y Poesía. Es la forma de cantar, casi recitada, del hip hop.

Blingbling: Joyas ostentosas utilizadas por los hiphoperos.

El término hace referencia a la supuesta onomatopeya del sonido de las joyas al chocar.

Fuente:Virginia Rodríguez,Jonathan Liriano

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